Higiene y Aseo Diario (II)

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Los ojos

El sentido de la vista nocturno en los perros está más desarrollado que en los hombres, pero distinguen mal los objetos estáticos a distancia. Los perros abren los ojos a partir de los 14 días después de nacer.

– Su higiene debe ser diaria. Han de estar brillantes y libres de legañas.
– Siempre hay restos transparentes de secreciones que los mantienen húmedos, pero eso es un fenómeno fisiológico y tan sólo debemos fijar nuestra atención si hay cambios en la consistencia o color. Si encontramos legañas verdosas o hemorragias habrá que acudir al veterinario.
– Cualquier modificación en la forma, tamaño o color del ojo también debe ser revisado por un profesional.
– El color de ambos ojos puede ser diferente desde el nacimiento en alguna raza (por ejemplo el Husky Siberiano) sin resultar ninguna patología.
– Su limpieza debe ser diaria con una solución oftálmica adecuada, sobre todo en perros de ojos saltones (como el Pekinés) o de ojos “tristes” (como el Cocker Spaniel). Ésta se realiza dejando caer unas gotas de suero fisiológico para lavado ocular desde el canto externo del ojo, que, a medida que se desliza hacia el ángulo interno, van lavando toda la superficie de la córnea. Se retira el resto con una gasa y no con algodón, ya que puede dejar hebras que resulten molestas.
– No usar colirios sin prescripción veterinaria y tampoco recurrir a los que hayan sido recetados para otros casos.
– Desechar cualquier colirio que lleve más de 15 días abierto.
– Los perros poseen un tercer párpado o membrana nictitante que se sitúa en el ángulo interno del ojo (no se suele ver, tan sólo si está pigmentada). Sirve de protección en casos de irritaciones o lesión en la capa superficial del ojo (o córnea).

La boca

Los restos de alimentos diarios se depositan en el diente y hacen que se forme una capa de sarro (que habrá que retirar) y, como consecuencia de ello, la infección de la encía (gingivitis) y la posterior enfermedad de toda la boca (parodontitis). Si la encía inflamada se retrae de la raíz del diente y éste tan sólo se sujeta con el sarro, ocurrirá que, cuando menos lo esperemos, nuestro perro se quedará sin piezas y entonces poco se podrá hacer. Para prevenirlo, conviene habituarse a limpiarle los dientes con un cepillo suave y pasta de dientes para perros, como mínimo, una vez a la semana.
Existen en el mercado cepillos especiales para perros, al igual que la pasta (que no necesita aclarar y enjuagarse la boca). Estos cepillos o “dediles” son cómodos y fáciles de usar, pero tan sólo la constancia demostrará su eficacia.
También pueden adquirirse en tiendas especializadas productos específicos que, en forma de spray y aplicado previamente a la masticación de alimento seco, evitan la formación de sarro.

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