La higiene canina (II)

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Además:

– Conviene revisar que realicen con normalidad los cambios de dientes (de los primeros de cachorro, caducos, a los permanentes) y que el cierre de maxilar y mandíbula sea el correcto. Los animales con defectos como el prognatismo superior (sobresalen los dientes superiores sobre los inferiores) o prognatismo inferior (lo contrario) pueden alimentarse sin problemas, pero serán defectos graves en los animales que quieran concursar en exposiciones.
– Las revisiones bucales nos ahorrarán problemas posteriores.
– Existen correctores para los dientes que, a causa de una mala inclinación, provocan una mala oclusión o cierre de la boca. Si no son colocados en un momento determinado, después será muy difícil solucionar el problema.
– No debe permitirse que juegue con piedras que desgasten en exceso el diente y lo dañen. Es mejor acostumbrarle a las pelotas, cuerdas o palos.
– Cuando un diente quede dañado por un accidente o caída, hay que repararlo cuanto antes o se perderá.

El dolor que manifiestan los perros por problemas bucodentales puede llevarlos a un estado de letargia y decaimiento, dejan de comer y muchas veces es difícil descubrir la causa. Esto sucede sobre todo en animales adultos cuyos dientes se partieron por jugar con piedras o nunca se lavaron. No debe preocuparnos cuando no soportamos su mal aliento.

Las orejas

– Deben estar siempre limpias y sin restos de secreciones. Sus formas son muy variadas (largas, cortas, caídas, enroscadas, etc) y también su longitud. Las erguidas suelen tener menos problemas, ya que se oxigenan mejor y las controlamos con más facilidad.
En algunos países se siguen cortando las orejas a determinadas razas (Boxer, Schnauzer), pero en otros, como Gran Bretaña y Alemania, se ha prohibido esta práctica.
– Debemos aprender a revisar las orejas para descubrir cualquier cambio de olor, color o secreción respecto a su estado normal.
– No hay que usar bastones de algodón, ni alcohol o agua oxigenada, puesto que existen productos especiales para su limpieza preparados para no alterar la flora bacteriana del oído ni irritar la mucosa que lo recubre internamente.
– Tenemos que tener en cuenta que el conducto auditivo del perro no es recto como el nuestro, tiene una forma de L que impide que accedamos fácilmente al tímpano.
– La limpieza del pabellón de la oreja se puede hacer con toallitas húmedas (como las de los bebés, pero impregnadas con una solución especial para la limpieza de la oreja) o un papel suave humedecido con suero o aceite de oliva.

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